23 de diciembre de 2013

Tlachinollan Boletín informativo


Amigas y amigos:

A más de tres meses de que el cielo de la Montaña parecía inundar de agua y viento a los hogares de familias sencillas y trabajadoras, hoy a todas y todos ustedes les decimos que son parte de una lucha nueva contra las tormentas del olvido. En todas y todos ustedes pudimos encontrar el apoyo y la fuerza para romper con el aislamiento y la invisibilidad por la autoridades. Llegaron de todos los puntos y de todos los espacios donde también se construye el sentido comunitario, nos ayudaron a tender los puentes de la solidaridad para que las toneladas de lodo que dejó el paso de Ingrid y Manuel no fueran impedimento para poder llegar a los lugares donde la tierra se ensañó con las familias más indefensas.

Desde entonces, la atención hacia lo que se vivía en la Montaña fue permanente, nunca dejó de fluir la ayuda solidaria, las iniciativas se multiplicaban, los víveres llegaban en todo momento. Sus voces nos ayudaron a trasmitir entre todos los amigos y amigas ese sentido de hermandad con los pueblos de la Montaña. Fue admirable la manera en la que adquirió forma la ayuda para la Montaña. Sus llamados por diferentes vías coloreó la esperanza de la gente que vio llegar por brechas intransitables camionetas con toneladas de alimentos, de ayuda hecha con todo el corazón y el cariño hacia los que en verdad forjan desde abajo el camino a la justicia.

Hoy, los pueblos trabajan en la reconstrucción comunitaria; las comunidades se han organizado bajo la figura de un Consejo para trabajar en un proyecto de reconstrucción, cuyo motor es el maíz, la planta que rige la vida comunitaria y la que le da consistencia a su organización autónoma. Esta es la nueva batalla de los pueblos indígenas, quienes deben de ser los principales protagonistas de la reconstrucción comunitaria y de la nueva vida en la Montaña.

No todo se derrumbó, ha quedado intacto ese carácter indómito de los pueblos, esa capacidad para poder levantarse y darle orden al caos con la sola participación de la gente que trae marcado en su corazón ese sentido profundo de la solidaridad. Fueron ellos y ellas los primeros que abrieron los caminos, los que salieron a buscar alimentos, los que enviaron las primeras imágenes de la devastación, las que alzaron la voz y denunciaron el trato inequitativo, las que están de pie y que a brazo partido día a día pone al servicio de la comunidad sus manos y su inteligencia para re-humanizar la Montaña destrozada.

Desde la cima de la Montaña, con la esperanza de que llueva maíz en la Montaña en el 2014, en estos días mágicos de la vida comunitaria, ustedes forman parte de esta alegría navideña para seguir luchando. Reciban nuestro abrazo y agradecimiento.

Saludos del equipo Tlachinollan

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